Con un apartado artístico completamente monocromático y una amplia combinación de herramientas para resolver acertijos, Helix: Descent N Ascent nos invita a explorar un universo en el que solo nos acompaña un extraño ser idéntico a nosotros.
Hay indies que no necesitan diálogos para contar una historia. También hay otros que no necesitan un apartado visual colorido para conseguir llamar nuestra atención. Y después está Helix: Descent N Ascent, un título que combina ambas ideas para construir una experiencia tan particular como intrigante.
Estamos, ante todo, frente a un juego de exploración y puzles. Si bien su carta de presentación está en su apartado artístico, su principal atractivo jugable se encuentra en un sistema que nos permite combinar diferentes poderes para superar los obstáculos que aparecen a lo largo de la aventura.
En total, podemos generar hasta 25 combinaciones de poderes, lo que abre distintas posibilidades a la hora de resolver los acertijos y avanzar por este extraño mundo.
Vamos a ponerle un poco de color a la cosa para hablar del resultado de esta idea.
Un lienzo en blanco y negro

Lo primero que impacta al iniciar Helix: Descent N Ascent es su apartado artístico. El juego apuesta por un estilo completamente monocromático, con escenarios y personajes dibujados a mano en blanco y negro. El resultado recuerda, en cierta medida, a propuestas como Blanc, aunque aquí la estética adquiere un tono mucho más misterioso e inquietante.
La decisión funciona especialmente bien porque ayuda a construir la sensación de estar ante un mundo ajeno y desconocido. No sabemos quién somos, dónde estamos ni exactamente qué tenemos que hacer. Simplemente aparecemos allí y comenzamos a avanzar, sumergiéndonos poco a poco en las profundidades de un universo que no parece particularmente hostil, pero que tampoco comprendemos. Y eso es justamente lo interesante: hay algo que queremos descubrir.
No existen enemigos tradicionales que derrotar ni combates que interrumpan nuestro recorrido. La amenaza, si es que existe alguna, nace del propio desconocimiento. Tenemos que explorar, observar y entender las reglas de este lugar abandonado.
Pero no estamos completamente solos: durante nuestro recorrido nos encontraremos una y otra vez con un ser idéntico a nuestro personaje. Sus intenciones nunca resultan del todo evidentes. ¿Está intentando ayudarnos? ¿Pretende obstaculizar nuestro camino? ¿O es simplemente una representación de nosotros mismos?
La semejanza entre ambos personajes inevitablemente remite a conceptos como el yin y el yang, y es precisamente en este tipo de interpretaciones donde Helix: Descent N Ascent encuentra buena parte de su encanto. La ausencia de diálogos refuerza aun más esta propuesta. El juego no pretende explicarnos absolutamente todo y deja espacios para que seamos nosotros quienes construyamos parte del significado de lo que estamos viendo.
En ese sentido, la elección de una paleta en blanco y negro resulta especialmente acertada: el juego nos entrega un lienzo prácticamente vacío y deja que nuestra imaginación se encargue de completar los espacios que faltan.
Una experiencia para tomarse con calma, a base de prueba y error

El apartado artístico no es el único elemento pensado para favorecer la exploración, dado que el propio ritmo del juego apuesta por la pausa. Nuestro personaje avanza lentamente, con pasos largos y la posibilidad de realizar un pequeño sprint, pero sin llegar a correr. Todo sucede a un ritmo pausado y meticuloso, invitándonos a observar los escenarios y prestar atención a lo que nos rodea.
En principio, esto encaja perfectamente con la propuesta. El problema aparece cuando esa calma comienza a convertirse en algo tedioso. Aunque existen algunos coleccionables y diferentes puzles repartidos por el mundo, los escenarios ofrecen pocas cosas con las que interactuar. Como consecuencia, en determinados momentos la exploración termina sintiéndose más como un desplazamiento entre un puzle y otro que como una actividad con valor propio.
Y esto resulta especialmente problemático debido a la manera en la que funciona su sistema de poderes. Una de las principales mecánicas de Helix: Descent N Ascent consiste en combinar poderes para resolver los diferentes acertijos. Podemos llevar hasta dos al mismo tiempo y las posibilidades de combinación son bastante amplias, dando como resultado hasta 25 combinaciones posibles.
Cuando entendemos qué tenemos que hacer, el sistema resulta satisfactorio. Encontrar la combinación correcta y descubrir cómo utilizar nuestras habilidades para superar un obstáculo genera esa pequeña sensación de recompensa que esperamos de un buen juego de puzles. El inconveniente es que el título apuesta demasiado por el ensayo y error. Para modificar los poderes que llevamos equipados tenemos que desplazarnos hasta puntos específicos del mapa. Esto significa que podemos llegar a una zona, probar una combinación, descubrir que no es la adecuada y tener que regresar nuevamente para cambiar nuestras habilidades.
El problema no está en equivocarse (el ensayo y error puede ser una herramienta perfectamente válida en este género), sino en que el juego nos obliga a realizar desplazamientos relativamente largos cada vez que queremos experimentar. Y como nuestro personaje se mueve lentamente, estos viajes terminan haciéndose pesados.
La consecuencia es curiosa: estamos ante un juego que, en términos de contenido, resulta bastante corto, pero cuya duración se extiende artificialmente por estos desplazamientos. Si sabemos exactamente hacia dónde ir y somos capaces de interpretar rápidamente qué nos pide cada puzle, podemos terminarlo en unas 4 o 5 horas. Sin embargo, una partida normal puede acercarse más a las 6, 7 u 8 horas, y una parte de ese tiempo no se siente como contenido aprovechado, sino como tiempo perdido trasladándonos de un punto a otro.
El gran defecto: no sabe guiarnos

Pero si hay un aspecto que termina perjudicando especialmente la experiencia, es la falta de orientación, un grave error que entra en conflicto con las bases del game design bien aplicado.
Helix: Descent N Ascent apuesta por no explicar demasiado y dejar que el jugador descubra las reglas de su mundo. La idea puede funcionar, pero existe una diferencia importante entre no explicarlo todo y no dar las herramientas necesarias para entenderlo. El juego, en varios momentos, se acerca peligrosamente a lo segundo.
Durante las primeras horas cuesta comprender para qué sirve cada elemento y qué se supone que debemos hacer con ellos. Por ejemplo, encontramos una serie de máquinas que, después de superar un pequeño minijuego, permiten desbloquear nuevos caminos. Sin embargo, el título apenas explica su funcionamiento ni ofrece demasiadas pistas que nos permitan comprender su propósito. Algo similar ocurre con el inventario y los coleccionables. Los encontramos, podemos interactuar con ellos, pero durante buena parte de la aventura no queda del todo claro qué función cumplen o por qué deberíamos preocuparnos por conseguirlos.
Esto afecta directamente a la exploración. Un juego puede perfectamente decirnos “descubrí el mundo por tu cuenta”, pero aun así necesita establecer ciertas reglas para que podamos hacerlo. En Helix: Descent N Ascent, esa frontera no siempre está bien delimitada.
Lo que sí hace bien el juego es explicar y mostrar cómo funciona cada poder. Para ello, cada uno nos lleva a una especie de mazmorra en la que debemos superar un par de puzles utilizando la nueva herramienta. En ese sentido, el juego es didáctico y pragmático.
Es cuestión de estar «pillos», de tener la astucia para comprender como funcionan las cosas en el mundo de Helix. Si somos pacientes, tenemos cierta predisposición a experimentar y conseguimos superar esa curva de aprendizaje inicial, vamos a encontrar una aventura intrigante y visualmente preciosa, con buenos acertijos que resolver.
Evidentemente no es un juego para cualquiera, porque puede resultarle confuso a muchos jugadores, pero los amantes de este tipo de indies, y particularmente de los puzles, van a encontrar una propuesta de su interés en Helix: Descent N Ascent.
Una bella idea con algunos contratiempos

A pesar de estos problemas, sería injusto reducir la experiencia a sus defectos. Helix: Descent N Ascent es un juego hermoso. Su estética monocromática no es simplemente un recurso visual llamativo: es el elemento que le otorga identidad. En un mercado repleto de mundos coloridos y diseños cada vez más espectaculares, pero carentes de vida, apostar por una experiencia completamente dibujada en blanco y negro es una decisión arriesgada que, en este caso, funciona.
También consigue transmitir algo que no resulta sencillo: misterio. Queremos saber qué es este lugar, quién es nuestro personaje y qué relación tenemos con ese extraño ser que nos acompaña durante el viaje. Incluso cuando la narrativa no responde todas nuestras preguntas, consigue despertar la suficiente curiosidad como para mantenernos avanzando.
Y cuando finalmente comprendemos cómo funciona el sistema de poderes, los puzles ofrecen algunos momentos realmente satisfactorios. Hay una buena idea detrás de la propuesta y, sobre todo, existe un sistema jugable que tiene potencial. El problema es que esa buena idea no siempre está acompañada por las mejores decisiones de diseño.
En conclusión, Helix: Descent N Ascent es un buen juego de puzles que consigue diferenciarse gracias a una dirección artística hermosa y una propuesta narrativa abierta a la interpretación. Su sistema de poderes funciona y ofrece suficientes combinaciones como para que resolver los acertijos resulte entretenido, especialmente cuando conseguimos comprender qué nos está pidiendo cada situación. Sin embargo, la falta de orientación, el exceso de desplazamientos y una exploración que en ocasiones se siente vacía terminan empañando una experiencia que podría haber sido mucho más redonda. No es perfecto, pero tiene algo que muchos juegos buscan y pocos consiguen: una identidad propia que sin lugar a dudas es cautivante.
Helix: Descent N Ascent está disponible en Nintendo Switch desde el 23 de julio de 2026.




