Análisis de Big Walk – El Breath of the Wild multijugador

House House sorprende con una propuesta que nos invita a explorar un mundo enorme junto a nuestros amigos mientras resolvemos puzles, descubrimos secretos y, sobre todo, compartimos el camino.

¿Quién iba a decir que uno de los videojuegos mejor puntuados del año en Metacritic iba a ser, ni más ni menos, que un indie multijugador? Big Walk es el nuevo título de House House (creadores de Untitled Goose Game, “el juego del ganso”), y, como su nombre lo indica, es un juego en el que tendremos que caminar en compañía.

Pero reducirlo a eso sería injusto. Big Walk es, principalmente, una aventura cooperativa de exploración y puzles que nos invita a recorrer un enorme mapa interconectado, descubrir qué se esconde en cada rincón y, sobre todo, aprender a coordinarnos con nuestros compañeros para superar los obstáculos que aparecen en el camino.

Y no lo haremos solos. De hecho, el juego está diseñado alrededor de la experiencia compartida, con partidas de entre dos y doce jugadores y desafíos que se adaptan a la cantidad de personas que participen.

Así que vamos despacio, paso a paso, para contarles todo sobre Big Walk.


Caminante, no hay camino…

Quizás hacer demasiado hincapié en que Big Walk consiste en largas caminatas pueda llevar erróneamente a pensar que estamos frente a un walking simulator. También sería una equivocación gigante catalogarlo simplemente como otro friend-slop.

El nuevo juego de House House es mucho más que eso. Estamos ante una aventura cooperativa de exploración y puzles que nos permite recorrer un entorno gigantesco prácticamente a nuestra voluntad. Como en un buen mundo abierto, no hay un camino único que seguir ni una ruta que debamos respetar. Podemos desviarnos, investigar una estructura que llamó nuestra atención, seguir una luz a lo lejos o simplemente caminar junto a nuestros amigos mientras conversamos.

Desde el primer momento, el juego nos deja en claro que necesitaremos el micrófono de nuestro dispositivo para comunicarnos. Y sí: la mejor manera de jugar Big Walk es utilizando exclusivamente esta vía de comunicación. Tener a la otra persona en la misma habitación, o utilizar otro canal (llámese Discord, por ejemplo) es un poco «hacer trampa». Puede parecer una decisión extraña, especialmente cuando una partida se complica y necesitamos coordinar acciones con precisión, pero es justamente ahí donde aparece la magia de la propuesta. Utilizar otra herramienta externa para comunicarnos puede facilitar las cosas, pero también significa perder una parte importante de la experiencia.

En este título, la comunicación por proximidad es fundamental. Cuando estamos cerca de nuestros compañeros de caminata podemos escucharlos con claridad, pero a medida que se alejan, sus voces comienzan a perderse. Existen artefactos dentro del juego que están pensados para mejorar la comunicación con nuestros amigos, como walkie-talkies o megáfonos. Y a veces, cuando de repente, estamos solos en medio de un mapa enorme y tenemos que ingeniárnoslas para volver a encontrarlos, contar con esos dispositivos es un alivio.

Esto nos lleva a otro detalle importante: antes de comenzar la partida debemos seleccionar cuántas personas participarán. Podemos seleccionar dos (el mínimo indispensable), tres, o cuatro o más jugadores, incluyendo esta posibilidad un máximo de doce usuarios. La cantidad de jugadores no modifica el tamaño del mapa ni aumenta la dificultad general de los puzles. Lo que cambia es la cantidad de personas que tendrán que coordinarse para resolver algunos desafíos.

Por ejemplo, si un puzle requiere activar simultáneamente varios interruptores y estamos jugando de a dos, seremos nosotros dos quienes tendremos que hacerlo. Si somos tres, necesitaremos de los tres jugadores. Una idea sencilla que funciona especialmente bien porque obliga a pensar constantemente en nuestros compañeros. Caminar en soledad, en este escenario, suele ser contraproducente.

Además, Big Walk cuenta con crossplay. Tuvimos la oportunidad de probarlo en Nintendo Switch 2 junto a personas que jugaban desde Steam y PlayStation 5, y no encontramos inconvenientes para compartir la partida. Quienes jugaron desde PC nos comentaron haber experimentado algunos bajones abruptos de rendimiento que no encontramos en la Switch 2. La versión para la consola de Nintendo, eso sí, presenta bastante popping, especialmente cuando recorremos grandes distancias y las cosas aparecen súbitamente.

También hay que tener en cuenta una cuestión importante: quien crea la partida se convierte en el host. Esto significa que todos los jugadores dependerán de él para iniciar y mantener la sesión, y que los datos de la partida quedan asociados a ese anfitrión.


Todo en Big Walk está pensado para jugar en compañía

Una vez iniciada la partida, comenzamos en una sala que funciona como nuestro punto de partida. Allí aprenderemos las mecánicas principales a través de dibujos en las paredes, como si fueran los restos de una antigua civilización intentando transmitir sus conocimientos a las generaciones futuras.

Levantar los brazos, señalar, sentarnos, correr, agarrar objetos y activarlos son algunas de las acciones que aprenderemos antes de salir al mundo. También entenderemos por qué el micrófono es tan importante: Big Walk quiere que nos comuniquemos con nuestros compañeros de manera natural.

Y hablando de compañeros, es imposible no reírse la primera vez que vemos a nuestros personajes. Son una especie de hormigas bípedas sin antenas, con cuerpos extraños y colores extravagantes, mirada perdida, y un rostro que transmite torpeza por donde se lo mire. Precisamente los colores pueden modificarse más adelante, aunque hay una particularidad: no podemos hacerlo nosotros mismos, sino que necesitaremos que otro jugador nos pinte. Sí, hasta para personalizar a nuestro personaje necesitamos de otra persona, lo cual es una excelente forma que encontraron los desarrolladores para decirnos «van a necesitar ayudarse mutuamente todo el tiempo». Todo, absolutamente todo en esta experiencia está pensado en clave multijugador.

Después de aprender las mecánicas básicas, llega el momento de salir al mundo. Nos encontramos con un pasillo oscuro y hacemos lo obvio: agarramos una esfera que, al activarla, funciona como una lámpara y nos permite atravesar el camino. Al final del recorrido, nos encontramos frente a un mundo gigantesco.

La sensación recuerda inevitablemente a The Legend of Zelda: Breath of the Wild:, a ese momento en el que Link sale de la cueva y contempla por primera vez un enorme mundo abierto que parece extenderse hasta el infinito. Solo que acá hay una diferencia fundamental: nuestros compañeros están a nuestro lado.

Es entonces cuando nos arrojamos por un barranco y comienza la fiesta. Quizás no tengamos una paravela para planear por todo el mapa, pero a medida que vayamos avanzando en el juego iremos desbloqueando formas alternativas de llegar a determinadas zonas.


Puzles por aquí, puzles por allá

Como ya dijimos, Big Walk es un juego de exploración, pero también es una aventura de puzles. A cada paso nos encontraremos con elementos que despiertan nuestra curiosidad: objetos con los que podemos interactuar, estructuras que funcionan como puntos de referencia y diferentes mecanismos que nos obligarán a detenernos y pensar cómo continuar.

El juego no se caracteriza precisamente por una enorme variedad de acertijos. Los jugadores más experimentados probablemente encuentren algunos desafíos demasiado sencillos, especialmente durante las primeras horas. En todos los casos, el objetivo siempre es resolver un puzle, obtener así un artefacto rojo con forma de zapallo anco (calabaza), y utilizarlo para desbloquear una llave que nos permitirá avanzar en la aventura.

Obviamente, la gracia no está necesariamente en la dificultad, sino en superar los desafíos juntos. Los primeros puzles son bastante simples: colocar unos garabatos en el orden correcto con ayuda de nuestros compañeros, activar interruptores simultáneamente, construir una escalera humana para alcanzar un botón situado en lo alto o mantener presionado un mecanismo desde una torre mientras otro jugador va en busca del objeto que acabamos de liberar. Con sencillez, antes de hacernos perder en la inmensidad del mundo, el juego nos enseña las mecánicas y cuál será en adelante la dinámica. Una vez obtenida y usada la primera llave, empezará el verdadero descontrol, y nos sentiremos minúsculos en un universo gigante. Son desafíos sencillos, pero funcionan como una introducción perfecta a la filosofía del juego.

A medida que avanzamos, nuevas partes del mapa se desbloquean y el mundo se vuelve cada vez más grande. Y aunque los puzles mantienen una estructura relativamente similar, las situaciones empiezan a exigir algo más que simplemente saber qué hacer, obligando a perfeccionar y aceitar la interacción con nuestros amigos. Necesitamos comunicarnos, y cuando la comunicación falla, aparece la creatividad.

Poco a poco, los acertijos dejan de sentirse tan fáciles y comienzan a exigir nuevas formas de cooperación. Cuando nos alejamos de nuestros compañeros y el micrófono por proximidad no es suficiente (en varios puzles eso ocurre sí o sí), podemos utilizar carteles, señales, megáfono, el walkie-talkie o, simplemente, improvisar. Es ahí cuando Big Walk encuentra algunos de sus mejores momentos.

Porque quizás sepamos exactamente qué tenemos que hacer, pero no cómo explicárselo a nuestro compañero que se encuentra a varios metros de distancia. O, también puede pasar que ambos sabemos qué hacer, pero debemos alejarnos entre sí, y en esos puzles realmente la estrategia comunicacional termina alcanzando niveles de ingenio impensados.


Perderse también es parte de la aventura

Como en las películas de terror, rara vez separarse es una buena idea. No porque haya algún monstruo acechando en la oscuridad, sino porque el riesgo de perderse es enorme. Cuando cae la noche, nuestra visión se vuelve insuficiente para avanzar con comodidad. Caminar a ciegas es un pésimo presagio y reencontrarnos con nuestros compañeros puede convertirse en toda una odisea.

Para conseguirlo tendremos que seguir rastros de bengalas, buscar referencias en el escenario o regresar a algún punto de encuentro que hayamos establecido previamente. Y, sin embargo, Big Walk constantemente nos tienta a separarnos (siempre es una pésima decisión, eso sí).

Una estructura a lo lejos. Una luz. Un sonido. Un camino que parece conducir hacia algún lugar interesante. Una sospecha. Una calabaza en el camino. Un objeto que nunca habíamos visto. Todo funciona como una excusa para dejarse llevar por la curiosidad y explorar lo desconocido.

El problema llega después: tenemos que encontrar el camino de regreso. Y créanme que, en un mapa tan grande, reencontrarnos con nuestros compañeros no es nada fácil. De hecho, puede convertirse en un desafío tan complejo (y quizás incluso más) que resolver un puzle.

Pero, a fin de cuentas, volver con la manada para contarle al resto lo que descubrimos es parte de la aventura.


Lo importante nunca fue el destino

Big Walk no ofrece una gran historia ni pretende ser una aventura que libera serotonina por doquier. Tampoco necesita serlo. Lo que nos regala son momentos, instantes con las personas que decidimos invitar a nuestra partida.

Y es por eso que ninguna experiencia con Big Walk será exactamente igual a la de otra persona. Lo que alimenta al juego no es solamente su mapa, sus puzles o sus mecánicas, sino el contexto que nosotros mismos construimos: con quién jugamos, cómo lo hacemos y qué ocurre mientras avanzamos.

Resolver un puzle junto a alguien a quien apreciamos. Viajar de una torre a otra en una aerosilla. Subirnos a un tren mientras hablamos de lo que fue nuestro día o discutimos qué deberíamos hacer a continuación. Ahí está el verdadero eje de la experiencia: en el camino, en el acto de compartir con las personas que elegimos.

Big Walk no necesita mucho más que eso: permitirnos disfrutar junto a otros. No es un juego pensado para entrar en la partida de un desconocido y sumarnos a lo que esté haciendo. Es un título construido alrededor de la idea de reencontrarnos con nuestra gente de una manera diferente.

Por eso creo que es un error meterlo dentro del mismo saco que otros friendslops. Big Walk es, efectivamente, una aventura cooperativa llena de momentos de torpeza, pero es mucho más que eso: es una excusa para compartir tiempo con otras personas. Lo importante no es llegar rápidamente al destino, sino disfrutar (junto a quien nos acompañe) del camino y de las situaciones que aparecen mientras lo recorremos.


Una experiencia digna de ser compartida

Hace aproximadamente siete millones de años, nuestros antepasados comenzaron a caminar erguidos. Con el paso del tiempo, también aprendieron a vivir y trabajar en sociedad. Caminar juntos fue, durante miles de años, una cuestión de supervivencia: cazar, desplazarse, protegerse de los depredadores. Hoy, millones de años después, la tecnología modificó prácticamente todos los aspectos de nuestra vida. Pero hay algo que no cambió: seguimos caminando, continuamos yendo de un lugar a otro. Y hacerlo en compañía nunca está de más.

Big Walk es uno de esos títulos que, más que un videojuego, se sienten como una experiencia, en este caso, una diseñada para ser compartida con otras personas. Si bien todo parece confluir en que la palabra clave en este juego es la cooperación, creo que, en realidad, eso no es así: su magia está en el acto de compartir. Por eso, su dinámica principal no es resolver puzles, sino caminar. Una gran caminata, como su nombre lo indica.

Es cierto, sus acertijos podrían ser más variados. Algunos son extremadamente simples, otros no son muy claros y nos tomó un buen rato descubrir qué había que hacer. Sin embargo, esos aspectos pasan a un segundo plano cuando entendemos cuál es realmente su objetivo.

En conclusión, Big Walk es una aventura cooperativa quiere que caminemos juntos, que nos perdamos, que nos encontremos, que nos riamos cuando uno de nuestros compañeros cae por un barranco, que discutamos cómo resolver un puzle, que estemos en medio de la noche con una linterna buscando un objeto perdido, y que nos separemos por curiosidad y después tengamos que encontrar el camino de regreso. En definitiva, quiere que compartamos un momento con nuestra gente. Y quizás esa sea su mayor virtud: recordarnos que, algunas veces, lo importante no es llegar a nuestro destino, sino transitar el camino junto a las personas que elegimos.

Big Walk está disponible en Nintendo Switch 2 desde el 4 de agosto de 2027.

🧉 Puntuación matera: 83 / 100

Adriel
Adriel

Salvé Hyrule incontables veces. Entrenador pokémon de la vieja escuela, si me buscan seguro estoy en la región de Johto.

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