La obra de Jérôme Coppens combina exploración, melancolía y desafíos de precisión en una experiencia indie que recuerda a clásicos del género.
Cuando me enteré de que Before I Go fue desarrollado por una sola persona, la sorpresa fue inmediata. No porque los proyectos solodev sean algo extraño dentro de la industria —ahí están casos emblemáticos como Undertale, Papers, Please o Stardew Valley— sino porque la mayoría de estas obras suelen destacarse por su carga conceptual o narrativa, más precisamente, por su valor innovador y su aporte a la cultura de los videojuegos.
Before I Go, en cambio, sorprende por algo mucho más directo: su jugabilidad. Más específicamente, por su excelente diseño de plataformas.
Pero vayamos paso a paso, porque detrás de esta autoproducción hay bastante más por descubrir. No estuvo cinco años en el horno porque sí.
Un mundo corrompido que busca descansar

Lejos del clásico viaje del héroe destinado a salvar el mundo, Before I Go propone una experiencia más introspectiva.
Nos encontramos en un universo devastado por una misteriosa plaga que ha consumido todo a su paso. Las criaturas ancestrales que habitan este mundo no buscan salvación ni gloria: buscan paz. Y nuestro personaje porta una luz capaz de brindarles la calma que anhelan, ese descanso definitivo.
La narrativa funciona como una reflexión sobre el paso del tiempo, la soledad y la aceptación del final irremediable. Sin abusar de diálogos ni explicaciones extensas, el juego construye su mensaje a través de la exploración y la atmósfera, dejando espacio para la interpretación del jugador.
Combate simple, diseño inteligente

Todo metroidvania suele evaluarse bajo dos pilares fundamentales: el combate y el diseño del mapa.
En el caso del combate, Before I Go cumple sin destacar demasiado. El personaje puede sentirse algo rígido por momentos y ciertas decisiones de diseño —como la imposibilidad de disparar en diagonal— lo acercan más a los primeros Metroid que a propuestas modernas del género. Sin embargo, el juego nunca intenta vender algo que no es.
El combate funciona como complemento y no como eje central de la experiencia. Los enemigos presentan buenas ideas de diseño, obligando al jugador a pensar sus movimientos y actuando más como obstáculos estratégicos que como simples rivales a eliminar.
Los jefes, por su parte, ofrecen enfrentamientos entretenidos y una dificultad bien equilibrada, demostrando que no hace falta una complejidad extrema para lograr un resultado efectivo.
Un mapa que entiende el espíritu metroidvania

Si hay un apartado donde el juego realmente brilla es en su mapa. Es oscuro y simple, pero bien construido. La ambientación sci-fi está muy bien lograda, con zonas claramente diferenciadas y fácilmente reconocibles sin saturar la pantalla de elementos innecesarios. La navegación resulta natural y siempre invita a seguir explorando.
El backtracking—pieza clave del género— está implementado de forma excelente en Before I Go. A medida que desbloqueamos nuevas habilidades, el mapa se resignifica constantemente, incentivando regresar a áreas previamente visitadas para descubrir secretos ocultos o nuevos caminos por los que avanzar.
Coleccionables, fragmentos de salud y células de energía amplían la exploración y refuerzan esa constante sensación de progreso, convirtiéndose además en herramientas fundamentales para afrontar una dificultad que crece de forma sostenida a lo largo de la aventura
Una banda sonora con esencia sci-fi

La música acompaña correctamente la propuesta estética del juego. Con claras influencias que recuerdan tanto a Hollow Knight como al tono synth de Stranger Things, la banda sonora apuesta por atmósferas electrónicas y melancólicas que refuerzan el aislamiento del mundo que recorremos.
Es un acierto, dado que tanto dicho videojuego como la serie de Netflix son, quizás, los mejores en lo suyo: el primero, es el perfeccionamiento del género metroidvania, el alumno que superó al maestro; el segundo, el producto televisivo de ciencia ficción que arrasó en la pantalla.
Aunque algunos temas pueden sentirse repetitivos tras largas sesiones, cumplen con solvencia su función principal: sostener la inmersión y potenciar la ambientación.
El verdadero protagonista: su plataformeo

Hasta este punto, Before I Go se siente como un juego sólido, correcto y bien ejecutado. Y eso podría ser un problema, porque se siente como un juego que hace las cosas bien, sin destacar, y listo.
Pero todo cambia cuando entramos en contacto con su mayor virtud: las plataformas. Ahí es donde el título se transforma y la propuesta cambia radicalmente.
A pesar de que el movimiento del personaje puede parecer algo pesado en combate, el plataformeo es sorprendentemente preciso, satisfactorio y milimétrico. Cada salto exige concentración y timing perfecto.
Gracias a esto, la curva de dificultad crece de manera orgánica, introduciendo desafíos cada vez más creativos que ponen a prueba nuestra habilidad sin caer en la frustración injusta. Es justamente este apartado el que explica cómo un proyecto solodev logra destacarse: el nivel de precisión alcanzado resulta admirable.
Además, antes de enfrentarnos a secciones especialmente cargadas de elementos plataformeros, el juego pone a nuestra disposición puntos de guardado temporales que pueden activarse consumiendo cristales rojos recolectados durante la aventura. Esto introduce una interesante toma de decisiones: elegir si gastar —o no— estos recursos para suavizar el recorrido o arriesgarse a avanzar sin una red de seguridad, porque perder, en ese caso, significa retroceder una buena parte del camino.
Dichos cristales rojos también pueden utilizarse para obtener mejoras temporales, como vida extra para afrontar secciones particularmente difíciles.
El pariente inesperado de varios clásicos

Si el diseño general (particularmente su sistema de combate tosco y su mapa) nos recuerda a los primeros Metroid, su espíritu plataformero lo acerca inevitablemente a experiencias como Celeste o Super Meat Boy. Esa mezcla entre metroidvania tradicional y plataformas de precisión termina definiendo su identidad.
Before I Go podría haber sido simplemente otro indie correcto dentro de un género saturado. Sin embargo, encuentra su personalidad en el movimiento, en los saltos y en el desafío constante.
Y gracias a eso, se gana un lugar entre los indies más interesantes del primer semestre del año. Estamos ante una obra unipersonal que demuestra cómo una idea clara y una ejecución precisa pueden elevar un proyecto independiente.
No busca revolucionar el género ni reinventar sus bases, pero sí perfeccionar aquello que mejor funciona: explorar, aprender, caer… y volver a intentarlo.
En conclusión, Before I Go es una experiencia ideal para quienes disfrutan de los desafíos exigentes y de los juegos donde la precisión lo es todo. Un juego de plataformas disfrazado de metroidvania que encuentra su verdadera grandeza en cada salto.
Before I Go está disponible en Nintendo Switch desde el 13 de abril de 2026.




